
El sondaje mide surco o bolsa alrededor de cada diente y registra sangrado, recesión y otros datos para evaluar la salud periodontal.
Cómo se realiza el sondaje periodontal
Primero se revisan antecedentes médicos y dentales, medicamentos, tabaco, diabetes y síntomas, y se examinan dientes y encías. Una sonda fina graduada entra suavemente en el surco entre diente y encía y suele medir seis puntos alrededor de cada diente.
Los milímetros se anotan junto con el sangrado. Una profundidad pequeña suele corresponder a un surco sano, pero un umbral fijo no diagnostica por sí solo; se consideran inflamación, nivel de inserción, posición gingival e imágenes. El tejido inflamado puede estar sensible y sangrar brevemente.
Qué incluye el registro periodontal
Registra profundidades, sangrado al sondaje, recesión y nivel clínico de inserción. También puede señalar placa y cálculo, movilidad, afectación de furcas, pus, dientes ausentes, implantes y problemas de restauraciones.
Un sistema digital o “interactivo” solo facilita dictado, representación gráfica y comparación temporal; no sustituye la técnica clínica. Los registros repetidos muestran mejoría tras tratamiento o progresión que una sola radiografía no permite valorar por sí misma.
Cómo evalúa el dentista el riesgo
Diagnóstico y pronóstico no dependen de una sola bolsa. Se integran distribución de profundidades, sangrado, pérdida de inserción y hueso, velocidad de cambios previos, higiene y factores locales que retienen placa o generan sobrecarga.
Tabaco, control de diabetes, ciertos fármacos, estado inmunitario, estrés y acceso a atención también modifican riesgo. Edad o número de dientes ausentes pueden reflejar daño acumulado, pero no prueban periodontitis activa actual. La evaluación guía tratamiento y seguimiento.
Quién necesita pruebas y con qué frecuencia
La valoración periodontal forma parte del examen integral adulto y se adelanta ante sangrado, hinchazón, recesión, mal aliento, movilidad o cambio de mordida. Antecedentes de periodontitis, tabaco, diabetes, embarazo, sequedad, alteraciones inmunes y ciertos medicamentos requieren mayor vigilancia.
La frecuencia del registro completo depende de edad, hallazgos, riesgo y tratamiento. Tras tratamiento activo, el mantenimiento suele pautarse cada 3–4 meses y ajustarse por estabilidad; “una vez al año para todos” no sustituye la valoración individual.
Preguntas frecuentes
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